jueves, 23 de febrero de 2017

Assassin’s Creed: Rogue (Xbox 360, 2014)



Esta reseña fue escrita originalmente por Jorge Lázaro (o sea, yo) a finales de marzo de 2015. Su retraso en la publicación se ha debido a problemas técnicos y comunicativos internos (aka. "el redactor jefe [o sea, yo] es un inútil y no cumple con su trabajo de revisión y planificación"). Pedimos disculpas en caso de detalles que puedan parecer anacrónicos o desactualizados.

Versión analizada: Xbox 360
Otras versiones: PS3, PC, Steam

Mi última reseña revisó la cuarta entrega nominal de la saga Assassin’s Creed; cuando lo hice, comentaba por una parte el exceso de juegos en la franquicia, al tiempo que mencionaba el enorme hype de las dos últimas dos entregas lanzadas en aquel momento.

De esas dos entregas, Assassin’s Creed: Unity, la presentada para nueva generación, fue la que se llevó más interés y atención del público, merced a su ambición, y también a sus fallos (Bugity lo llamaron las malas lenguas. Un año después se redimiría Ubisoft con el mejor acogido Syndicate, por ahora la última entrega de la saga). Su homólogo para consolas de anterior generación (Unity fue directamente a Xbox One y PS4, pero Rogue ha quedado para Xbox 360 y PS3), que resulta en general un juego mucho más personal y pulido, pero también menos grandioso, ha pasado más desapercibido.

Personalmente, creo que es algo injusto, por una razón sencilla: podría haber sido el mejor juego de la franquicia, si no fuera por varios fallos que lo lastran. Assasin’s Creed Rogue triunfa ya desde su premisa que, por primera vez, pone el foco en un protagonista del bando de los templarios, en lugar de ser del bando que da nombre a la saga.

El prota tiene flow, eso no se puede negar. Así de primeras, al menos.

Y es que ahí está el gran punto de originalidad de esta nueva entrega para la anterior (y cada vez más extinta) generación de consolas: el protagonista deja de ser un asesino para presentarnos a Shay Patrick Cormac, un antiguo asesino que, después de ver los objetivos e ideales de cada uno de los dos grupos, decide que los templarios tienen más razón en su lucha. El motivo por el que decide eso no lo destriparé, pero tiene bastante lógica… es más, este es el juego en que yo mismo he empezado a apoyar a los templarios, en lo general.


Sí es cierto (iba a dejar los errores para el final, pero casi mejor que no) que la historia está tremendamente desaprovechada. Vale que es un gran acierto presentarnos a un protagonista templario, y demostrarnos sus razones para defender la Orden, pero… como mucho se ha comentado, al cabo parece lo mismo. No notas una diferencia real en el hecho de ser templario. La historia viene a ser la misma sucesión de escenas, pero cambiando quiénes son los buenos y quienes son los malos. Y la jugabilidad… luego volveremos a ella.

Más allá de eso, el desarrollo de la historia flaquea. Primero, por su brevedad, que ha sido uno de los motivos de mayor crítica del juego (seis secuencias, de apenas cuatro recuerdos cada una… algunas de tan solo dos recuerdos o tres); luego, por el fracaso a la hora de tratar los personajes. Haytham Kenway, para mí (y de paso para nuestro colaborador Spiegel) uno de los mejores personajes del universo de la franquicia, está tremendamente desaprovechado; lo está también uno de los famosos históricos que tocan, en este caso James Cook (también aparecen brevemente los hermanos Washington, y Benjamin Franklin, que está muy bien caracterizado, pero… repito, volvemos ahora después a ello).

En cuanto al protagonista, Shay Cormac, puede caerte bien al principio, puedes entender sus motivos, puedes apoyarle… pero cuando te dice por 32º vez que la suerte no existe y que él construye su propia suerte, ya lo odias con todo tu alma. Así, en todo este conjunto (tampoco los Asesinos son mucho más profundos), el único que destaca es Adéwalé, que lleva una buena deriva desde Assassin’s Creed IV: Blackflag, y que atrae bastante (a diferencia de Gist, su soso equivalente como contramaestre en esta saga).

Pasando de eso, y aunque reitero la gran originalidad de la historia (que es de elogiar), los diálogos no aportan gran cosa, y lo plano que resultan la gran mayoría de personajes es un hachazo a una buena base. Claro que es de esperar, dado el poco espacio para desarrollarlos, pero no me parece justificable que la evolución de Shay (que no es mala, pero sí mejorable) parezca más producto de la bipolaridad que de un pensamiento razonado. Lejos quedan los tiempos de la cuidada evolución y madurez de Ezio Auditore en época del Assassin’s Creed II.

Ahora, tanto en la historia (no en el planteamiento, pero sí en la base y los personajes que la protagonizan), como en jugabilidad, Assassin’s Creed: Rogue resulta un juego puente. De hecho, resulta una evolución mejorada de Assassin’s Creed IV: Blackflag, algo que es de agradecer.

Una crítica que se le hizo (traigo aquí el comentario de la jugabilidad de antes) es que al final, el sentimiento que tienes al jugar como asesino y como templario es básicamente el mismo. Es verdad, pero también es lógico, porque lo que se respeta es la base misma de la saga. Por otra parte, habiendo sido un antiguo asesino (y empezando el juego como tal), pues también tiene sentido.

Como digo, la jugabilidad es llevar un paso más allá el concepto del anterior. Mismo sistema de combate, mismos esquemas de misión… lo que tiene son, simplemente añadidos interesantes. Por ejemplo, en las armas (el rifle que sustituye a la cerbatana, con un nuevo tipo de dardo; y el lanzagranadas, un gran acierto del juego), o en ciertas misiones secundarias.

En este aspecto, de hecho, se elimina uno de mis apartados favoritos de la anterior entrega, que eran las secuencias de exploración de pecios hundidos (lógico, estamos en el Atlántico Norte); sin embargo, los objetos de búsqueda son más interesantes, el apartado de caza más amplio y atractivo, y el sistema de combates navales ha mejorado ligeramente. Ligeramente, pues ya estaba muy alto.


Oiga, señor, deje a ese pobre mamífero en paz.


OIGA, PERO BUENO, PÁRESE. POLISÍA.

Otra cosa muy acertada del juego es el realismo, tanto en el mismo sistema de juego como en su aspecto. El hecho de ser templario te permite, por primera vez en la saga, matar a civiles siempre que quieras y sin necesidad de haber completado ya los recuerdos principales, pero sabes que al poco te perseguirán cazarrecompensas. Es genial, por otra parte, que cuando estás en el agua helada vayas perdiendo salud por culpa de la hipotermia, algo que te puede llevar a la muerte.

En el apartado estético, el juego es una gozada. No sé a quién leí decir que el Atlántico Norte no era tan atractivo como el Caribe… discrepo profundamente. El juego es el más bello que haya visto desde el primer Assassin’s Creed. Los escenarios, la fauna… todo es maravilloso. Si en la cuarta entrega gozabas con las tormentas, aquí una nieve suave se puede convertir en una ventisca y en tornados en mitad del océano que te dejen para el arrastre. Puedes explorar cuevas de hielo, naufragios acechados por osos polares… O atravesar capas de hielo e icebergs mientras navegas hacia la Aurora Boreal. De verdad, el juego, en ese aspecto, se lleva la matrícula de honor.

Dos aspectos grandes quedarían por comentar: por una parte, la historia presente, que va en la misma línea de la entrega anterior, pero más allá. Te "desvelan" (es un poco absurdo, porque era bastante obvio) que Abstergo Entertainment trabaja para los templarios, y "te dan a elegir" bando. El sistema de buscar notas (aquí en forma de tablets) y hackear ordenadores (esta vez para arreglarlos… y con un sistema para mí mucho más complicado y desafiante que el anterior) se mantiene, mientras todo el mundo culpa a tus recuerdos, y concretamente a un recuerdo corrupto de Shay, de un virus que afecta a la red. Y entre tanto, la información que recoges desvela datos vitales sobre los asesinos más cercanos a la causa templaria. Fantástico.

Por otra parte, la campaña naval, que antes estaba en el modo online, se presenta aquí en local. Es simpática, pero tampoco aporta en exceso, más allá de recompensas para el avatar y desafíos de Abstergo. En cuanto al modo multijugador, de hecho, no existe, algo que no me molesta en absoluto, pues ya he reiterado a menudo mi decepción para con el multijugador de esta saga.


Multijugador no habrá, pero frío tienes para repartir.

Y ahora, los errores… ya hemos comentado como fallo la poquísima duración de la campaña principal, que se puede ventilar en apenas 5 horas. Si es una campaña extensa lo que buscas, huye del juego, porque no te lo va a ofrecer, y lo que hay, ni siquiera satisface del todo; incluso llegué a abandonarla a la mitad para dedicarme a objetivos secundarios. Es un juego más pensado para completistas (la campaña me duró menos de 5 horas, pero al final le dediqué al juego 40 horas buscando objetos y consiguiendo el 100% de sincronización y logros), y en ese sentido, ofrece mucho. Sobre todo si tenemos en cuenta que el precio de salida (al menos tal y como lo estableció Ubisoft oficialmente, algún que otro Game lo tuvo más caro) estaba en los 30-35, la mitad de lo que costaba su compañero de nueva generación.

Otro fallo gordo está, como he reiterado tanto, en los aspectos desaprovechados. Personajes planos, historia con poca profundidad… y elementos presentes desde la segunda entrega que siguen sin satisfacer. Sí, mola que la recompensa de la búsqueda templaria sea la armadura de templario del siglo XI; que la de fragmentos de espada te consiga armas y armadura vikingas; o que fabriques un atuendo de esquimal… pero no tiene sentido que la armadura vikinga no me proteja más en batalla, o que el atuendo esquimal no me aísle más tiempo del frío si caigo al agua. Son meros adornos decorativos, y ya es hora de que vayan cambiando ese aspecto.

Y lo mismo digo de ese otro aspecto tan terrible que es la estupidez de la IA. Sí, cuando te enfrentas a ella cara a cara a veces, sobre todo si tienes poca paciencia, puede acabar contigo. A veces. Casi nunca. Nunca, si tienes un mínimo de cuidado. En general, te sobran las armas y la vida, y la IA es lo más fácil de engañar del mundo. Cada soldado tiene un punto débil fácil de identificar y de aprovechar. Y si no (como es el caso de los cazarrecompensas, muy superiores a ti), no tienes más que rodearles, esconderte en la maleza, utilizar dardos de cuerda y arrasar. El juego es a prueba de tontos, y eso, al cabo, cansa.

Queja añadida que me hace tirarme de los pelos: se pierde mucho tiempo yendo de un lado a otro, a pesar del viaje rápido que puedes utilizar en los sitios ya visitados. No hay caballos, como no los había en el anterior. Entiendo que La Habana no la visites a caballo, pero… ¿Nueva York? ¿Los escenarios enormes de River Valley? Es criminal la ausencia de equinos.

Asimismo, algún que otro bug (aunque mucho menores que en Unity) puede suponer una puñeta, sobre todo porque la mayoría no son gráficos, sino más funcionales, y te pueden dejar atrapado en el interior de una montaña o debajo de un lago.

Y luego está un doblaje que… de entrada no parece tan soso como el de Blackflag, pero al cabo termina siendo peor. Las voces están tan mal dirigidas que resultan tan planas como sus personajes. Y tiene aún más delito aquí, porque si en la anterior entrega eran voces per se flojillas, aquí hay grandes nombres: Roberto Cuenca (Jr.), Pablo del Hoyo, Eduardo Bosch… todos tan mal dirigidos que resultan irreconocibles. Únicamente Olga Velasco hace un gran doblaje (pero el que fuera ya en su día Lucy y que el registro sea tan similar no es un gran acierto). Lo triste es que he visto a quienes dicen que el doblaje es magnífico, de lo mejor de la saga… imagino que gente muy fan del estudio donde se hizo (Synthesis), porque basta con comparar el trabajo que hizo Abraham Aguilar en este juego como Chevalier, con el que hizo en La Hermandad como el Papa Borgia. No hay color. Y no hablamos de las frases recicladas de la entrega anterior (cuando arponeas animales, por ejemplo), o de (y esto ya sí es fallo del desarrollo en Montreal, no del español) que se hayan mantenido voces en inglés sin sentido alguno.

Y… poco más que añadir. Personalmente, opino que podría haber sido el mejor juego de la saga. Compite en belleza con el primero, y en jugabilidad con el segundo, y lo hace en igualdad de condiciones. Pero tiene esos fallos, especialmente en lo que se refiere a la forma de tratar la historia, y a la adaptación al castellano, que lo lastran.


En conclusión: el juego es BONITO. Lástima que eso no decida todo.

Allez-y, mes ami!

Buenos días, y buena suerte.

P.D: tiene un easter egg muy curioso, y en la campaña ambientada en el presente guiños a Far Cry 3 y el supuesto Assassin's Creed: Rising Phoenix.

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LO MEJOR: la jugabilidad es una maravilla. Los escenarios, y el apartado gráfico en general, son la belleza hecha videojuego. La historia es bastante original. Se agradecen las nuevas armas, y la campaña naval y en el presente están muy logradas. Y el precio de venta es la mitad de lo que suele ser.

LO PEOR: en general, lo peor son las cosas desaprovechadas. La historia está tratada de manera floja, y los personajes son mejorables. Podían haber aprovechado para que hubiera un cambio más claro en la jugabilidad con el cambio de bando. Hay bugs un tanto incómodos. La campaña es muy corta (aunque a mí, como completista, no me moleste demasiado, entiendo la queja). La IA es MUY estúpida. No hay caballos. Y el doblaje da penica.

NOTA: 80/100. Como he dicho varias veces, podía haber sido el mejor Assassin’s Creed. No lo es, pero sigue siendo un gran juego, muy disfrutable. Para mí, básicamente, es la mejora del anterior. Muy recomendado.

BONUS TRACK: Desde que realicé la crítica hasta hoy ha pasado el tiempo suficiente como para que se estrene la cacareada película homónima a la saga, con Michael Fassbender y  Marion Cotillard protagonizándola. Os dejo aquí la reseña que nuestro compañero Adrián hizo para el blog Yo Me Bebo Tu Batido.

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