Versión analizada: Gamecube
Otras versiones: Wii U (próximamente)
Los Zeldas, todos lo sabemos, son una garantía de calidad en el mundo de los videojuegos. Si además su ideador primigenio, Shigeru Miyamoto, está involucrado de manera directa en su proceso de desarrollo, entonces la garantía se vuelve aún mayor. Pero no todo el monte es orégano y a veces ciertos juegos, sin llegar a ser mediocres, brillan con mucha menos intensidad que sus hermanos mayores. The Legend of Zelda: The Wind Waker es uno de esos juegos.
Lo primero de todo es dejar al margen todo posible debate centrado en el aspecto estético del juego, similar a una serie de dibujos animados. En su momento generó bastante controversia, y fue elaborada bajo la premisa de que era distinto y, por tanto, debería ser peor. Pero en mi opinión el aspecto visual y gráfico no sólo no es criticable sino que abrió un nuevo camino que explotaron otros juegos de la franquicia como The Phantom Hourglass.







